QUERER LO QUE TENGO
Un día, dos días, diez días, cien días, trescientos sesenta y cinco días proyectando deseos y esperando, esperando, esperando en el vacío a que nos acribillen las cosas bonitas. Y desde hace un tiempo yo prefiero agarrar lo que tengo. Un día, dos días, diez días, cien días, trescientos sesenta y cinco días deseando que ninguna de mis cosas bonitas se caigan al vacío. TENER es un verbo horrible. Su cara amable es posesión. Su cara oscura es obligación. Su cara oscura es posesión. Su cara amable es obligación. Pero si al tener le anteponemos el querer y a la proyección la arrinconamos con el presente nos sale como resultado: QUERER LO QUE TENGO. Las matemáticas lingüísticas son cálidas y dóciles.
De la pantalla al pantallón, del pantallón a la pantallita proyectando con intención una realidad irreal cuya irrealidad acaba por conquistar nuestra realidad. Un día, dos días, diez días, cien días, trescientos sesenta y cinco días deseando, deseando, deseando en el vacío. Off. Un día, dos días, diez días, cien días, trescientos sesenta y cinco días queriendo lo que tengo. ¿Más? ¿Menos? Con quince años escogí el camino de las letras.