LA VIDA SENCILLA
Podría haberme levantado y caminar cinco o seis pasos. Sin esfuerzo, hubiese contenido la respiración y le hubiese reventado el cráneo. Después me hubiese dado un baño, libre de culpa y con la conciencia impoluta. Pero no. Nos miramos, suspiramos y caminamos cinco y después seis pasos para escapar del circo de la discapacidad educativa. ¡Qué vida! Pero no te asustes. Cada día brotan tontos y tontas, los delincuentes de ahora son invisibles para la gente. Pero yo soy el libro, el silencio, el vaivén de las fuerzas marinas, el calor de tu compañía. Las hierbas con hielo, el palo con gin, la dieta vegetariana esperando, aparcada. Yo soy tus besos, tú eres mi cuerpo. Dos más tres son cinco. Si escondo la mano está en mi bolsillo. La vida sencilla está justo en la esquina: Besos, cuerpo, agua con lima, sal y sudor.