EL MUNDO OMBLIGO
No hay razón para irritarse. En el mundo del ombligo las conversaciones tienen eco. Queremos estar presentes en todas las olas. Las personas con las que solía hablar me han dejado de interesar. El ombligo es una agujero emocionalmente vacío. Ideólogos, ¡cuánto hongo! Periodistas, ¡Cuánta risa! Tertulianos, ¡qué payasos! Tendencioso, ¡qué horroroso! Pero no hay razón para irritarse. Todavía hay rincones para escapar del incesante y perenne ruido. Uno más cero tiene luz en este Universo. Uno más uno copan los segundos, los minutos, las horas, el día, la noche a quemarropa. Uno más tres destronan a los mares de secano y a los navegantes de guante mojado. Y uno más unos pocos nos basta para decir basta, juntarnos de poco en poco, ponernos al día en este mundo loco y seguir pensando que lo importante es hacer y no ser.
No hay razón para irritarse. En el mundo de la tinta las ideas son un soplo de aire fresco.
A mis ideas
Mirville, 1 de septiembre de 1889
A vosotras, mis idea, dedico mis memorias en señal de mi agradecimiento por los momentos felices que me habéis dado. No estoy seguro de si sois todas mías, ni de si antes de que llegarais a mi mente habíais vivido en la mente de otras personas. No obstante, tengo la impresión de que me pertenecéis, lo que viene a ser lo mismo que si realmente lo hicierais. Nunca nos peleamos. Tiendo a aceptaros y a obedeceros, y tengo fe en vuestra consistencia. Alguna de vosotras ya habéis tomado forma y os habéis hecho realidad. Esto le da confianza a otras ideas en las que no he tenido tiempo de trabajar. Esperarán con paciencia y no me abandonarán.
¡Oh, no me abandonéis! Sois mi felicidad.
Pensar, imaginar, inventar, concebir: qué placer.
(El ilustre firmante tenía tan solo 26 años.)