DE CARA A LA PARED
Las noches han dejado de ser noches. Ya no duermo. Estar con los ojos abiertos y estirado me incomoda. Me imagino encajonado y me asfixio. De modo que me levanto y me pongo de cara a la pared. A escasos metros para preservar mi nariz. Si me duermo que sea mi frente la que golpee primero. No quiero que la alfombra se manche de sangre. Me quedo mirando a la pared y hablo. Estas son las palabras que no quiere oír el mundo. Las he susurrado a una intensidad delicada para que se queden pegadas a la pared. No es fácil, si la intensidad no es la adecuada las ondas podrían volver rebotadas. Estas son las palabras que no quiere oír el mundo. ¡Yo tampoco! Uno, dos, tres, cuatro. Expiro, doy dos pasos hacia atrás, me giro, me estiro y ahora sí: me duermo.

