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¡Salud!

Si de ella gozara en su extensión, ejercería todas y cada una de las funciones con cierta normalidad. Pero como la plenitud es difícil de alcanzar, me limitaré a formar y deformar la función expresiva del lenguaje. Y en numerosas ocasiones, el sentido es impenetrable.

SALDREMOS A LA CALLE

SALDREMOS A LA CALLE

Todo a nuestro alrededor es hostil y aterrador. ¿Quién eres tú para hablar si en tu mesa silenciada ha reinado la impudicia? La clase media está siendo rebajada al compás de la media más mediocre del programa formativo. La Universidad ha vendido su corona. Hace tiempo que en sus aulas los alumnos se presentan sin talento. Por lo visto en una mesa del bar de la UB hay un luchado licenciado escribiendo sobre el papel, es extraño. Se ha acostumbrado a los rumores y aunque no le molesta que le observen, se levanta y abandona su papel: Cuando llegue de nuevo el apagón y estéis de mierda hasta el cuello os regalaré mis besos y después un gargajo. El vicio está segmentado entre la yema de los dedos y los ojos de cuervo. Todo a nuestro alrededor es hostil y aterrador. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última recomendación literaria? La regresión adquiere nueva fuerza para combatir la progresión. Un diálogo cada tres semanas, una lectura para mantener la temperatura del presente, una conversación en una comida, una pausa en paralelo, una y mil noches sin silencio… Y cuando todo el mundo esté encerrado en su engaño artificial, saldremos a la calle a jugar con el aire, a reírnos, a nadar en pleno invierno, a tiritar junto a la hoguera de San Juan, a comernos con los ojos, a amarnos con las manos, a besarnos con los ojos, a comernos con los cuerpos, a decir con el aliento: te quiero.

ABDICO

ABDICO