PIO PIO LE DICE EL PAPAGAYO AL GALLO
Veo enseguida de dónde va a venir el peligro y no puedo evitar leer de reojo. Estoy solo y acompañado. Silencio y conversación. En cualquier instante paso a mejor vida y la lectura de La grande course de Flanagan se verá interrumpida. Si estuviésemos en verano podría decir que el mejor instante es el del desayuno: fruta fresca, zumo fresco, café con hielo y sentado al fresco. Pero ahora cualquier mejor instante se presenta sin tocar a la puerta. Lo peor está por venir. En algún momento se me caerá el pelo. Bueno, el pelo quizás no, pero sí los dientes. Si con el último mordisco de la tarta de limón se acompaña un vale para bajar al Speakeasy me digo: vale. ¡Protegedme de las pesadillas que acaban en llanto! No te quejes canta el gallo y te sugiere que mantengas bien abiertos los ojos. Si aquí arriba no hay nieve, el verano será macabro. Pero gallo, no corramos tanto que aquí hemos venido a pasar el rato. Y con todos los momentos escribiré un libro. Aunque ahora mismo solo me apetece que sea nuestro, que sea suyo, que sea mío. Pío pío le dice el papagayo al gallo.